¡He aquí el hombre! Sobre el bordado de Paloma Castillo

El escrito que sigue a continuación, conformó parte de la exposición individual homónima de Paloma Castillo en galería Posada del Corregidor (Municipalidad de Santiago). Para aquella ocasión, este texto fue escrito para ser publicado a modo de texto de sala, además de una versión abreviada que fue impresa en el folleto de la exposición, inaugurada el 11 de mayo de 2018.

Paloma Castillo y Antonio Urrutia Luxoro. ¡He aquí el hombre! (folleto de exposición), 2018. Archivo del autor.

 

En el Alto Renacimiento las cofradías de bordadores iniciaron una querella para relegar la práctica femenina del bordado únicamente a los espacios domésticos,  prohibiendo la circulación de aquellas manufacturas en espacios de relevancia pública, como catedrales o palacios.  Alrededor de medio siglo después, la religiosa mexicana  Juana Inés de la Cruz, luego de escribir sus incendiarios versos contra el sistema patriarcal, es conminada por su confesor a abandonar su verdadera pasión (la poesía), para honrar a Cristo a través de las labores correspondientes a su deber ser mujer en los límites del hogar eclesial. Probablemente Sor Juana también tuvo que bordar, a regañadientes.

Entre ambas prácticas, poesía y bordado, ya se manifiesta una gran diferencia relativa a los dictámenes del sistema sexo-género. La primera es un sistema de representación eminentemente masculino. Así fue trazado por Aristóteles. La poesía es un saber/hacer  con todas sus letras.  En cambio, por mucho que los hombres se esmeren en demostrar lo contrario, el bordado aún sigue teniendo una fuerte carga femenina. Es un arte menor comparado a la majestuosa virilidad de la pintura. Aún persiste el prejuicio de que se sitúa más en el dominio del hacer que el del saber. Quizás, además del contenido de los versos, la osadía de Sor Juana consistió en atacar a los hombres a través de un sistema de representación regulado por ellos mismos. Paloma Castillo los ataca desde una trinchera ajena. La virulencia de sus puntadas y despuntes los ataca no solo iconográficamente. También los ridiculiza al retratarlos mediante un soporte que les resulta impropio, usurpándoles estrategias formales que aún les pertenecen.

El bordado deviene en un saber/hacer en la medida de que trafica conocimientos de la ironía hacia el textil. El insidioso empaste, desplazado desde la pintura al bordado, satiriza la vanidad, el poder y la violencia, que se propagan desde el falo como primer espacio de identificación masculina, hasta llegar a los emblemas de la patria y la mitología en cuanto ficciones que articulan los imaginarios colectivos de la humanidad. También retrata modos insulares de habitar la masculinidad, distintos a la hegemonía heterosexual.

En un momento en el que aparentemente asistimos al ocaso de la masculinidad, esta extiende toda su violencia en el tardocapitalismo con una obscenidad radical. Líderes de estado, filósofos de cuarta categoría, y personajes de la cultura popular desbordan sin tapujos su virilidad funcional a los intereses de mercado. Meritocracia masculina. Neodarwinismo contemporáneo que arrasa con todo lo que no es igual a si mismo. La tríada de la masculinidad ya no exige árboles, hijos y libros. Ahora son mujeres, éxito y dinero, a costa de cualquier precio. Ante la decadencia actual del androcentrismo moderno nadie sabe si reír o llorar. No hay una reacción correcta a la reiteración majadera de tamaña debacle. Si Sor Juana bordaba a regañadientes en el claustro, bordar la masculinidad no es solamente un gesto irónico. Es también la melancolía de un tiempo que nunca fue. Ambos humores conjugan un sentir epocal, entre el llanto, la rabia y la carcajada.

Antonio Urrutia Luxoro (Santiago de Chile, 1991) Curador, editor e investigador independiente. Estudiante del Magíster en Teoría e Historia del Arte de la Universidad de Chile y egresado de la Licenciatura en Estética de la UC, donde también se desempeña como ayudante de cátedra en cursos de la línea de Historia del arte. Ha expuesto en congresos y encuentros académicos en Chile, Argentina y México. Sus textos han sido publicados en libros compilatorios, memorias de congresos y revistas online. Ha curado exposiciones individuales y colectivas; entre ellas Cuerpos Cavernosos, ¡He aquí el hombre!, Androdecadencias, y la 3era versión de FAE Festival de Arte Erótico. Actualmente trabaja como asesor curatorial en la galería Factoría Santa Rosa y como editor en Écfrasis, Estudios críticos de arte y cultura contemporánea.

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